28/10/2011

Sobre las visitas de la angustia.

Entré a la habitación con las luces apagadas, dominaba el ambiente un silencio sepulcral que podría curtir hasta el corazón más fuerte. Encendí un cigarro, tan solo por las ganas de hacerme compañía. Era tarde, no recuerdo ya, pero lo suficiente como para que los perros durmiesen. Los pensamientos revoloteaban por aquí y por allá, pero por alguna extraña razón, no podía atrapar ninguno, entonces me dediqué a contemplar el vacío, ese vacío que nos acompaña a todas partes, pero que jamás nos percatamos de su melancólica presencia, y me perdí entre los recuerdos, recuerdos que yacen muertos en la memoria humana como cadáveres que tendremos que arrastrar hasta nuestro deceso, y no sé que fue lo que pasó, no sé que luz se apagó, pero el miedo empezó a brotar de los espejos, el miedo a los sueños.

Mi mirada yacía perdida en la ventana, por donde podía escurrir esa luz pura y siniestra de la luna. El carácter primaveral de la noche se hacía notar en el ambiente, sentía el aroma de los jazmines entrar por mi habitación, aquel aroma que recuerda las perfumadas flores dispuestas en los mausoleos, me golpeaba y quería intentar hacerme llorar, pero no podía, simplemente el corazón se encontraba vacío.

Con un tenue suspiro regreso a la realidad, que en estos momentos parecía más onírica que mis divagaciones mismas, simplemente no podía entender, algo era distinto, algo realmente importante, pero no podía adivinar qué, quizás era algo tan magno y obvio, que me impedía discernir con la vista, creyendo que lo que intentaba descubrir estaba detrás de eso. Acudían a mí, situaciones de tiempos de antaño, que se habían presentado la mayoría de las noches, pero esta noche era diferente, como si la lluvia arreciase tanto o más fuerte que antes, pero ahora había un techo, algo que impedía que se mojase mi cabeza....

Prendí otro cigarro, ya por mera costumbre, en estas situaciones el tabaco se convierte en tu más fiel compañero. Recordé rostros, y encontré uno en especial, reciente. Quizás dentro de 1 año o 20, estaré en algún típico bar tomando cerveza, con los típicos amigos, hablando el típico estúpido tema y riéndome de algún estúpido chiste, giraré la cabeza y me lo encontraré de nuevo, tan fresco como el ayer, con la mirada tan humana como la de todos nosotros, y será la fugacidad del tiempo la cuestión que ronde mi cabeza, y veré, y quizás las almas serán diferentes y no se reconozcan, quizás solo un amague de algo que es imposible, o un "hola" espontáneo sacado del repertorio de los modales, para volver a sumergirme en la conversación.

Mis divagaciones se perdían entre las sombras de la habitación, olvidando siempre la anterior, alguna especie de felicidad recorría la punta de mis dedos, pero de una manera extraña, quizás había muerto sin habérmelo propuesto, y mi maquiavelica manera de ser hacía alegrarme de la muerte de mi mismo, pero no era yo, era otro yo el que se había perdido. Quizás tan solo tomó unas vacaciones, quizás ya cumplió el ciclo que debía cumplir, o el insomnio prolongado por una ardua semana de trabajo universitario me tenía divagando como un loco, pero no, esto no es solo de ahora, ese personaje hacía mucho que ya faltaba a su ritual tarea de traer la melancolía y angustia a colación, de una manera tan dulce y sutil, que ya me había encariñado con ellas.

Decidí apagar el cigarro, la luz de la luna empezaba a hacerse más tenue.

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